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19/03/2026

31 minutos: una de las jugadas más inteligentes de la televisión latinoamericana

31 minutos no funciona únicamente por lo que muestra o por lo colorido que se ve, sino por cómo está armado y pensado desde adentro. Esto empieza desde algo tan simple (y tan revelador) como el nombre.

Opinión

Spray Tin

Laura J. Bonilla Gutiérrez y Andres Guasca

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Autor/a

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Hay algo que casi nunca entra en la conversación cuando se habla de 31 minutos. Todo el mundo recuerda a Tulio, a Bodoque, a Juanín, las canciones o el caos divertido del noticiero, pero muy pocos se detienen a pensar en lo que realmente lo hace distinto. No es solo nostalgia ni humor bien logrado como muchos creemos. Es que, desde el inicio, estuvo mejor construido de lo que la mayoría alcanzó a notar y, aquí, vamos a hablar de eso.

¿De dónde salió 31 minutos? Es una referencia directa a 60 minutos, el noticiero central de Televisión Nacional de Chile que se emitió entre el 7 de abril de 1975 y el 4 de abril de 1988. Este formato era conocido por su cobertura durante la dictadura militar. Sin embargo, hay algo más, la decisión específica de “31 minutos” y no 30 o 40 u otro número, fue porque el piloto debía durar al menos 30 minutos, y en lugar de quedarse ahí en lo básico, eligieron sumarle un minuto más simplemente porque sí.

Esa misma lógica rara se replica en lo visual. El logo, diseñado por Matías Iglesis, utiliza  el lenguaje de los noticieros tradicionales y lo mezcla con referencias reconocibles de cadenas como CNN, haciéndolo “aparentemente serio”. El formato de 31 minutos mantiene la estructura de un noticiero serio, las secciones, los vehículos en sitio, pero cambia el tono, el ritmo y el tipo de historias que cuenta. El resultado son fallas intencionales que lo vuelven completamente impredecible y  gracioso.

Ese doble sentido  también se siente en el contenido. Aunque durante años el programa se etiquetó como infantil, siempre hubo una capa más ácida, menos evidente, que no buscaba explicarse. Un ejemplo claro es el capítulo “La Mugre”, que fue censurado en México en el Canal Once y Nickelodeon,  debido a una escena que parecía inapropiada para niños: dos muñecas bañando al líder espiritual Wildo Waldo en una tina.

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Mientras todo esto pasaba en pantalla, había otro movimiento creciendo en paralelo que terminó siendo igual (o incluso más importante hoy en día): la música.

En 2004, su segundo álbum de estudio “31 canciones de amor y una canción de Guaripolo alcanzó certificación de platino en Chile tras superar las 20.000 copias vendidas en pocas semanas.

Pero lo más interesante no son solo los números, sino de dónde viene ese sonido.

Los creadores, Álvaro Díaz y Pedro Peirano, construyeron el proyecto junto a músicos reales, especialmente Pablo Ilabaca, guitarrista de Chancho en Piedra, quien fue una pieza clave en la composición musical. Ese detalle explica por qué las canciones tienen un sonido sólido, con influencias del rock, el funk y el pop latino.

Ahí también entra una relación que muchas veces se menciona por encima, pero pocas veces se explica bien: la conexión con Los Bunkers. No es una colaboración directa tipo featuring, sino algo más estructural. Un buen ejemplo es “Una nube cuelga sobre mí”, cuyo videoclip fue dirigido por Álvaro Díaz y Pedro Peirano, evidenciando que ambos proyectos no solo coexistían, sino que compartían una misma línea creativa.

Y es que 31 minutos nace a inicios de los 2000, justo cuando la escena chilena empezaba a consolidarse en Latinoamérica. Bandas como Los Bunkers estaban construyendo un sonido propio y conectando con audiencias masivas, mientras el programa hacía algo igual de potente desde otro lugar, tomar la música en serio, incluso cuando el formato era humorístico. 

Con el tiempo, 31 minutos dejó de ser solo un programa. Su paso por escenarios como Lollapalooza o el Festival de Viña del Mar confirma que logró algo poco común, moverse entre formatos sin perder su identidad. Televisión, música en vivo, cultura pop; todo convive dentro del mismo universo sin sentirse forzado.

Por eso, ahora que su show llega a Bogotá este 23 de marzo al Movistar Arena, estamos hablando de un show con canciones que ya sabes, personajes que reconoces al segundo y un formato que cambia completamente cuando lo ves frente a miles de personas.

Es un mismo show, con mil formas de vivirlo (cada quien lo interpreta como quiere).

Si quieres ir, OJO porque todavía quedan boletas disponibles en tuboleta.com 

Por allá nos vemos. 👀💓